Aprender herramientas digitales sin salir de la ruralidad, una oportunidad para las mujeres campesinas de Bogotá
Aprender a utilizar herramientas de Office, acercarse a las redes sociales y desarrollar habilidades digitales también es posible en las zonas rurales de Bogotá. A través de los Centros de Inclusión Digital (CID), la Secretaría Distrital de la Mujer lleva formación a estos territorios para que más mujeres campesinas puedan acceder a conocimientos que contribuyan a sus proyectos personales y productivos.
Entre 2025 y 2026, un total de 107 mujeres rurales y campesinas se han beneficiado de ocho cursos realizados mediante la estrategia móvil de los CID. Dos estuvieron dedicados a herramientas de Office, uno a la introducción a las redes sociales y cinco al desarrollo de habilidades digitales.
Esta presencia comenzó en 2023 con la maleta móvil viajera y se fortaleció en 2024 para ampliar la formación de mujeres rurales. Acercar los cursos a sus territorios busca reducir las diferencias de acceso a herramientas digitales entre quienes habitan las zonas urbanas y rurales de Bogotá.
Los CID son espacios físicos y virtuales diseñados para que las mujeres aprendan a utilizar herramientas digitales y amplíen sus posibilidades de formación y emprendimiento.
Desde su origen en el 2014, los Centros de Inclusión Digital han capacitado más de 73.000 mujeres en habilidades y destrezas digitales, con corte a septiembre de 2026, y de ellas 17.056 mujeres han adquirido habilidades digitales en la Administración del alcalde Carlos Fernando Galán Pachón. En este sentido, los CID rurales responden a las condiciones particulares de las mujeres campesinas.
Punto aparte, la importancia de acercar los servicios a estos territorios también aparece en una investigación realizada este año por el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género (OMEG) de la Secretaría. El estudio examinó las condiciones de vida de las mujeres rurales y campesinas en relación con el hábitat y la vivienda digna, la paz y la convivencia con equidad de género, y el derecho a una vida libre de violencias.
Entre sus hallazgos, identificó que la limitada disponibilidad y accesibilidad de equipamientos rurales incrementa las cargas de cuidado de las mujeres. También señaló que sus vidas están atravesadas por desigualdades de género, brechas digitales y dificultades de acceso a respuestas institucionales. Este contexto ayuda a comprender por qué la ubicación de los servicios importa tanto como la oferta que brindan.
La investigación plantea, además, que las necesidades de las mujeres rurales están relacionadas entre sí y requieren respuestas institucionales articuladas. En esa dirección, la formación digital es una de las acciones con las que la Secretaría busca ampliar las oportunidades disponibles en la ruralidad.
Los dos cursos previstos para lo que resta del año darán continuidad a este trabajo. La apuesta es que vivir en una zona rural no limite las oportunidades de las mujeres para aprender, utilizar herramientas digitales y avanzar en sus propios proyectos.
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