Mujeres reciben ayuda humanitaria tras terremoto en Colombia el pasado 10 de agosto.
Publicado
Ago
19
2026

En Bogotá, pobreza, cuidado y vivienda aumentan el riesgo de las mujeres ante desastres naturales

El terremoto del 10 de agosto volvió a mostrar que los desastres no afectan a todas las personas por igual. El Observatorio de Mujeres y Equidad de Género, OMEG, analizó cuatro condiciones que aumentan la vulnerabilidad de las mujeres en Bogotá: pobreza, condiciones de vivienda, sobrecarga de cuidado y hacinamiento.

Los desastres naturales no producen las desigualdades de género, pero sí pueden profundizarlas. Menores ingresos, viviendas con mayores afectaciones y una carga desproporcionada de trabajos de cuidado pueden reducir las posibilidades de las mujeres para reaccionar, protegerse y recuperarse frente a una emergencia.

Una semana después del terremoto que afectó el centro occidente del país, Medicina Legal había identificado 300 víctimas fatales. De acuerdo con la información analizada, el 57 % correspondía a mujeres, un dato que vuelve a poner sobre la mesa los impactos diferenciados que pueden tener los desastres.

En Bogotá, el OMEG identifica cuatro condiciones que ayudan a explicar esta mayor vulnerabilidad. 

  1. Las mujeres enfrentan mayores niveles de pobreza

En 2025, la pobreza multidimensional afectó al 2,7 % de las mujeres y al 1,7 % de los hombres. La brecha también se presentó en pobreza monetaria, con 18,6 % para las mujeres y 17,0 % para los hombres, y en pobreza extrema, con 3,9 % y 3,3 %, respectivamente.

Tener menos recursos no solo afecta las condiciones de vida cotidianas. Ante una emergencia puede significar menos capacidad para reforzar una vivienda, asumir gastos inesperados, desplazarse rápidamente o recuperarse después de una pérdida.

  1. Las condiciones de la vivienda también aumentan el riesgo

Según la EMEG 2025, el 7 % de las mujeres reportó grietas en su vivienda, el 14 % humedades en techos, paredes o pisos y el 1 % inestabilidad estructural, con muros o techos en riesgo de colapso. Además, el 73 % de las mujeres que reportaron alguna afectación señaló que estos daños no estaban resueltos.

La calidad de la vivienda influye directamente en las condiciones con las que una persona enfrenta una emergencia. Cuando existen daños previos o problemas estructurales sin resolver, las mujeres parten de una situación de mayor vulnerabilidad para protegerse durante el evento y regresar de manera segura a sus hogares después de este.

  1. La sobrecarga de cuidado puede dificultar la respuesta

Las mujeres siguen asumiendo una mayor proporción de los trabajos de cuidado no remunerados. Durante una emergencia, esto puede significar que deben responder por su propia seguridad y, al mismo tiempo, apoyar a niñas, niños, personas mayores, personas con discapacidad o con enfermedades crónicas.

La EMEG encontró que, entre los hogares con personas con discapacidad, enfermedades crónicas o mayores de 80 años, el 22 % de las mujeres consideró que su vivienda era inadecuada o poco adecuada para facilitar su movilidad. En una evacuación, esta combinación entre responsabilidades de cuidado y barreras físicas puede reducir el tiempo y las opciones para reaccionar.

  1. El hacinamiento limita la capacidad de reacción

En Bogotá, el 6 % de las mujeres vive en condiciones de hacinamiento, frente al 3 % de los hombres, según la EMEG 2025.

Compartir espacios reducidos con más personas puede dificultar una evacuación rápida, la movilidad dentro de la vivienda y la organización de quienes requieren apoyo. Por eso, el hacinamiento no es solo una condición habitacional, también puede convertirse en un factor de riesgo durante una emergencia.

La evidencia internacional confirma que estas brechas pueden tener consecuencias graves. Naciones Unidas ha advertido que mujeres, niñas y niños pueden tener hasta 14 veces más probabilidades de morir durante un desastre, debido, entre otros factores, a desigualdades en el acceso a recursos, información y capacidad de respuesta.

Frente a este escenario, prepararse también hace la diferencia. La prevención debe considerar que no todas las personas enfrentan una emergencia en las mismas condiciones y garantizar apoyos para quienes pueden tener mayores dificultades para responder. Definir rutas de evacuación, puntos de encuentro, apoyos para quienes requieren asistencia y preparar los kits de emergencia debe ser una responsabilidad compartida.